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Así no me gustas

Així no m-agradesNecesito su apoyo y no me lo da. Ha de comprenderme y no lo hace. Debería haberme defendido a mí. Me siento solo y no me da compañía. Soy lo mejor que tiene y no me valora. Yo debería de ser su prioridad y no lo soy, etcétera.

Es muy probable que alguno de estos ejemplos te haya tocado de cerca. Acciones que otra persona realiza a menudo y que no son de tu agrado. Acciones que te molestan, que alteran tu vida, que te llegan, incluso, a herir emocionalmente.

Molestia que se acrecienta si esas acciones son de alguien allegado a ti: madre, pareja, hermano, jefe, compañero, etcétera. ¿Qué puedes hacer ante esta molestia? Pues impedir que esas acciones te generen sufrimiento.

Ahora bien, ambos sabemos que esta solución no es tan fácil, ya que si esa molestia se mantiene en el tiempo y se repite con más gente, está alterando tu vida, tu existencia en el mundo. Y no solo tu existencia, sino tu propia esencia, porque puede, incluso, alterar tu forma de ser. Por tanto, es una molestia que traspasa lo físico y lo psicológico llegando hasta lo filosófico. Llega a ser una cuestión metafísica y, por tanto, la solución está en tu interior y no en el otro.

Y es que cuando te molesta o te hiere la conducta de otra persona, no te molesta o hiere dicha persona, sino tus exigencias de que sea o se comporte como a ti te gustaría o, peor aún, como necesitas que lo haga. Una cosa es que prefieras que sea o se comporte de una determinada manera y otra, bien distinta, es que se lo exijas para así no sufrir tú esa molestia o esa herida emocional.

En cualquier caso, ¿le podrás solucionar su problema para que a ti no te moleste? No, ya que esa persona no va a cambiar porque a ti no te guste. Si cambia, será porque ella alcance suficiente nivel de conciencia que le permita ver claro que ha de cambiar. Normalmente, las personas no cambiamos porque otros nos lo digan. Cambiamos porque tomamos conciencia real de que necesitamos hacerlo.

Lo que quiero decir, es que detrás de las acciones que realizan los demás y que nos molestan, hay unas exigencias impuestas por nuestro propio ego. Por tanto, si eres capaz de controlar tu ego y de eliminar tus exigencias sobre esa persona, la molestia irá desapareciendo.

En definitiva, cuando exiges a alguien que sea como a ti te gustaría que fuera o que se comporte de la manera que a ti te interesa, entonces el sufrimiento se puede apoderar de ti porque el resultado no será de tu agrado. O lo que es lo mismo, proyectas en esa persona tus propias necesidades.

Por ejemplo, quizá hayas escuchado alguna vez o que, incluso, tú mismo lo hayas dicho en alguna ocasión, aquello de que <<hemos de tratar a los demás como a nosotros nos gustaría que nos tratasen>>.

Pues bien, ahí está la primera exigencia y no es nada baladí. Como a mí me gusta que me traten de una determinada manera, así he de tratar yo a los demás. ¿No sería mejor tratarlos como a ellos mismos les gustaría ser tratados que no como tú prefieras? ¿No está acaso creada esta exigencia por tu propio ego?

 

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