Cafés filosóficos

Café Filosófico sobre la “Aceptación”

Este era uno de los temas que más ilusión me hacía tratar en una café filosófico, porque es la base principal del bienestar interno.

Partimos de que nadie es capaz de aceptar siempre la realidad tal y como es. Existe una realidad e infinitas formas de comprenderla, una por cada persona. Es nuestra interpretación de la realidad la que nos perturba o la que nos da alegría. Esto viene de Epícteto y ha recorrido y recorre el mundo entero, día tras día. Nada que no se sepa.

Lo que también se sabe, porque todos estuvimos de acuerdo, es que cuando aceptas te quedas tranquilo, en paz, en armonía interior. ¿Por qué no lo hacemos, pues, más a menudo, si sabemos que el sentimiento que tendremos será ese? Porque muchas veces esa realidad no nos gusta y podemos influir en ella de alguna forma. Preferimos no resignarnos, porque si lo hacemos nos quedaremos con “mal sabor de boca”.

No obstante, no basta solo con aceptar la realidad o a los demás tal y como son, sino que se necesita hacer algo después para crecer. La aceptación es el punto cero. A partir de ahí, no habrá transformación positiva si no hacemos algo nuevo.

¿Podremos aceptar a los demás si no somos capaces de aceptarnos previamente a nosotros mismos? La gran mayoría coincidimos en que NO, aunque alguien dijo que sí pero, ¿sería esta aceptación auténtica?

Continuamos aportando que aceptamos en función de nuestras creencias, prejuicios, valores, etc. Por eso solemos aceptar a aquellas personas que son similares o piensan parecido a nosotros. Curioso, porque los diferentes a nosotros son los que nos harían crecer, ¿no? Aceptar a alguien similar a mí es fácil, no tiene mucho valor, mientras que aceptar al que piensa y actúa diferente a mí es el reto y lo que me hace crecer.

También dijimos que aceptamos cuando tenemos capacidad de vaciar la mente. Es observando previamente cuando tendremos más capacidad para aceptar, porque no hay juicios ni valoraciones. Así que hemos de entrenarnos para ello. Observar es lo mismo que en filosofía conocemos como contemplar.

Otros conceptos que aparecieron relacionados con la aceptación fueron: respeto, desapego y amor. La aceptación plena es amor incondicional. Por tanto, si aprendemos a amar, aprenderemos a aceptar.

No obstante, al ser un café filosófico con una gran asistencia en cantidad y calidad humana, se profundizó bastante y estuvimos un buen rato hablando sobre la esencia de la persona. Se acepta más fácilmente cuando uno es auténtico, cuando existe (vive) de acuerdo a su esencia, a su ser, a su identidad.

Pero, claro, como en todo, una cosa es saber la teoría sobre la aceptación, que es puramente mental y, otra bien distinta, es la comprensión práctica de la aceptación, que es emocional-sentimental. Y en este punto se dijo algo que para mí resultó bastante revelador: sabemos que hemos aceptado algo sin concesiones cuando mente y corazón están de acuerdo, sin fisuras. Ni podemos aceptar solo con la mente ni solo con el corazón, porque funcionamos como un sistema.

Para terminar, todos coincidimos en que el gran problema para aceptar es el deseo, pues este nos genera insatisfacción. Estuvimos hablando un rato sobre ello. ¿Es malo el deseo en sí mismo? ¿Es el deseo el causante de la no aceptación y de varios de nuestros sufrimientos? ¿O lo nocivo es el ansia que genera no satisfacerlo? Muchas preguntas que contestaremos y sobre lo que hablaremos en el próximo café del mes de mayo, el 34 ya.

De manera que en el próximo encuentro filosófico dialogaremos sobre el deseo.

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