Desarrollo personal y profesional

Inteligencia Emocional y Filosofía

Cinco son las competencias generales que identificó Daniel Goleman cuando las ordenó bajo el concepto de Inteligencia Emocional juntando las inteligencias intrapersonal e interpersonal de Howard Gardner: Autoconocimiento, Autorregulación, Automotivación, Empatía y Habilidades Sociales.

Hoy sabemos que una buena Inteligencia Emocional es fundamental para alcanzar la excelencia, que no la perfección, en cualquier ámbito de nuestra vida: personal, profesional, familiar, sentimental, amistad, etcétera. La excelencia se alcanza cuando uno se centra en lo real de sí mismo, mientras que la perfección se busca en lo ideal fuera de sí mismo. O “yo auténtico” o “yo ideal”.

Antes de continuar, quiero decir que este artículo está escrito desde la filosofía práctica, no desde la académica. Desde la filosofía operativa, no desde la teórica.

Pues bien, para mí, la grandeza de Goleman es juntar esas cinco competencias -que luego desglosa en muchas más, pero manteniendo las cinco como generales- y darles un orden estructural y lógico. Sin embargo, no descubre nada que no se sepa. Me explico.

Desde la asesoría filosófica, como desde la psicología, el coaching o cualquier otra disciplina de facilitación de una vida mejor, también trabajamos con las emociones, sensaciones y sentimientos. No puede ser de otra manera. Son la base de cualquier persona.

En este sentido, me gustaría reivindicar el papel de la Filosofía como base de la Inteligencia Emocional. Al hablar de Autoconocimiento, el mismo Goleman habla de Sócrates, pues él fue quien nos dejó el “Gnothi seauton”, el “Conócete a ti mismo”. Desde Sócrates, no ha habido ningún filósofo, ni habrá, que no defienda al autoconocimiento como la piedra angular de la vida. Por tanto, también de la Inteligencia Emocional, tal y como el propio Goleman dice.

En cuanto a la Autorregulación, solo haría falta darse un paseo por la escuela filosófica “El Estoicismo”, leyendo a Epícteto, a Séneca o a Marco Aurelio, por ejemplo. El propio Epícteto nos dijo que no nos perturba la realidad, sino la interpretación que hacemos de ella. Es decir, no nos perturba cualquier cosa que ocurra, sino la interpretación que hacemos de ese suceso. Si mi hijo realiza una acción, cuando llegue a mi percepción, puedo hacer dos cosas: o reaccionar de inmediato (sin autorregularme y sin gestionar mis emociones) o reflexionar un momento y gestionar mis emociones antes de reaccionar (que se conoce como proactividad en contra de reactividad).

Respecto a la Automotivación, podemos quedarnos con Spinoza, cuando nos dice que todos poseemos en nuestro interior un potencial que necesita ser autodesarrollado. Es una fuerza interior indómita que necesita vivir. Es decir, es aquello que nos automotiva de tal forma que no hay nada superior a ello. Maslow, Csíkszentmihályi, Robinson o el propio Goleman, por ejemplo, no hacen sino hablar de lo mismo que dijo Spinoza y que en terapia filosófica se conoce como identidad.

En cuanto a la Empatía, serían innumerables filósofos los que han hablado de ella. No en vano, no se puede entender la empatía sin la ética. Kant, por ejemplo, nos dijo que hemos de tratar a cualquier persona como un fin en sí misma y nunca como un medio. No podemos llegar a comprender lo que siente y lo que piensa otra persona, si no la tratamos como un fin en sí misma.

Para Buber, por ejemplo, el otro es mi razón de ser. Sin el otro no puedo desarrollarme personalmente.

Los propios estoicos nos dicen que hemos de poder “suspender” el juicio y dejar de interpretar cuando estamos escuchando a alguien.

Incluso, Habermas nos dice que ha de haber una simetría en la comunicación. Simetría discursiva y simetría sentimental. Y es que el plano discursivo que nos es común a todos los mortales es el lenguaje sentimental. Si no somos capaces de ponernos a la misma altura que la otra persona, no podremos comprenderla. Y la mejor forma de hacerlo es desde el lenguaje de los sentimientos, porque todos sentimos.

Para terminar, respecto a las Habilidades Sociales, podríamos ir hasta Aristóteles, por ejemplo, hace más de 2300 años, que se dice pronto. Para este filósofo somos seres sociales por naturaleza. Es decir, necesitamos vivir en sociedad y necesitamos organizarnos como tales. Aristóteles dio solidez a la ética y a la política. Somos herederos de él, nos guste o no. Igual que desde Sócrates, todos los filósofos han defendido el autoconocimeinto, desde Aristóteles han hecho lo mismo para poder vivir en sociedad, para disponer de buenas habilidades sociales.

En definitiva, que sin Filosofía no habría Inteligencia Emocional. Por eso, me quedo siempre con la gran frase de nuestro filósofo Miguel de Unamuno: <<piensa el sentimiento, siente el pensamiento>>. Sin duda, la frase que mejor define lo que más tarde Goleman bautizaría como Inteligencia Emocional.

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