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Lo más normal es que no lo hagas.

 

Lo más normal es que no lo hagasVives en una sociedad hiperactiva en la que hay “más de todo. Mires para donde mires, hagas lo que hagas, pienses o digas lo que sea, siempre, absolutamente siempre, aparecerá en tu vida lo convencional, lo normal. No podrás escapar de este aburrimiento mental si nunca estás satisfecho con lo que eres y tienes.

Se te dice que has de luchar contra la adversidad, que has de competir, o que necesitas ser proactivo, por ejemplo. Sin embargo, cuando lo haces, procuras no refutar tus propias ideas y creencias. Y es que si siempre lees o escuchas el mismo tipo de información, que es la que te gusta, no saldrás de tu egocentrismo.

Y como no quieres salir de ahí, pues te alejas y evitas lo que no te gusta. ¿Cuál es la gran consecuencia de esta pasividad mental? Pues que alimentas tu ego, ya que este es el que no permite que te acerques a lo que no te gusta. Él se encarga de que siempre sea igual tu vida, de que sea más de lo mismo.

Actualmente, casi nadie lucha contra su pensamiento egocéntrico, contra su yo superficial. No lo hacen porque piensan que se desvaloralizan a sí mismos y, sin embargo, ya están desvalorizados previamente. De manera que si no refutas tus propias creencias, no innovarás y, por tanto, la hiperactividad social te angustiará.

Incluso, para reforzar más tu pensamiento egocéntrico, te unes a grupos que piensan igual que tú, donde desarrollas un ego colectivo junto a personas con las que compartes las mismas creencias. Ahí estás cómodo y te sientes seguro. Por eso te gusta arroparte en ese colectivo.

Si sabes que la autodestrucción es gloriosa, ¿por qué te mantienes en el inmovilismo del pensamiento egocéntrico? Piensas que te refuerzas y lo que haces es ser dependiente de tus similares. Sin ellos no sabes a donde ir. Te sientes perdido porque buscas ahí fuera lo que tendrías que tener aquí dentro.

¿No sería mejor desarrollar un espíritu crítico que te haga evolucionar como persona y que no permita que te domine tu propio ego?

Y es que si continúas así, te convertirás en alguien intolerante contigo mismo, porque no aceptarás escuchar otras opiniones y no lucharás contra tu propio pensamiento egocéntrico. Y si eres intolerante contigo mismo, ¡cómo no vas a serlo con los demás! Si no te refutas a ti mismo, porque te gusta lo cómodo, no podrás tolerar que alguien que piense diferente que tú te diga ciertas cosas. Y si se te llena la boca pregonando que derrochas tolerancia, entonces lo que estarás es derrochando prepotencia y mera palabrería.

Se tolera desde el mismo nivel que lo tolerado. Es decir, que necesitas humildad para refutar tus propias creencias e ideas. Cosa que conseguirás si, y solo si, cuando te autodestruyas que diría Nietzsche.

Por tanto, si me permites una sugerencia, hazle caso a Descartes cuando te dijo que al menos una vez en la vida has de poner todo tu pensamiento en tela de juicio. Has de dudar de todo. Solo así sabrás si tu vida la dirige tu yo auténtico (identidad) o lo hace tu yo superficial (ego).

¿Te atreverías a pensar por ti mismo?

J. Carlos Arroyo

 

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