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Miedo a la muerte

por a la mortDecía Epicuro que es absurdo tener miedo a la muerte, puesto que cuando vivimos, ella no está presente, y cuando se presenta, ya no vivimos. Entonces, ¿por qué la tenemos miedo? Si hiciéramos caso a nuestro filósofo no tendríamos por qué tenerlo, pero lo tenemos.

Pues bien, este miedo se muestra como respuesta ante un hecho que aún no ha ocurrido y que sabemos con toda certeza que sucederá. Además, dicho miedo bebe de dos fuentes: por un lado, del hecho de no saber cuál es la naturaleza de la muerte, es decir, qué pasa en ese momento crucial de nuestra vida y, por otro, de que el conocimiento que tenemos al respecto proviene de la muerte de alguien allegado.

Para eliminar este miedo, en mi opinión, diría que hay que entender que no tenemos una vida, sino que pertenecemos a una vida. Es decir, existimos en la vida durante un tiempo. Lo crucial es, pues, la actitud que tenemos mientras vivimos, porque el día que fallecemos queda cerrado nuestro carácter y nuestra forma de ser y estar en la vida. Hasta entonces, hemos de ser proactivos, incluso para conseguir que se nos permita elegir cómo y cuándo morir, pues nuestra vida es solo nuestra.

Pero, como bien dice Epicuro, pensar en nuestra muerte no tiene mucho sentido si no conocemos su naturaleza, pero lo que sí lo tiene es hacerlo con la muerte de un ser querido, ya que es su desaparición la que nos abruma, la que nos impide comunicarnos fluidamente entre nosotros durante el funeral y la que nos da mucha información, sobre todo, de nosotros mismos.

En todo caso, lo que me interesa es recalcar que ese vacío que se nos genera con la muerte de alguien muy allegado, no está generado por su marcha, sino por el diálogo interno que nos creamos al respecto, que sin duda podemos transformar y que es el que más tristeza nos genera. Diálogo que desaparece cuando aceptamos plenamente que el paso por la vida de esa persona se ha acabado, que ya lo tiene todo hecho y cerrado, y que es absurdo pensar en las cosas que ha dejado de disfrutar. Esto ocurre porque nos desentendemos del hecho ocurrido, la muerte en sí, y nos centramos en especular al respecto.

De ahí que el gran reto que tenemos por delante es pensar en las cosas buenas que vivió esa persona, que nos aportó y que compartimos con ella, y no tanto en las cosas que se perderá por estar muerta.

Además, ¿nos sentimos abatidos por la ausencia del amor que le hubiéramos seguido dando o por el amor que nos deja de dar ella?

Nosotros podemos seguir ofreciendo ese amor, por lo que me temo que la pena viene porque dejamos de recibir ese amor que tanto anhelamos y que con su fallecimiento desaparece. Esto pasa porque nuestra autoestima dependía en parte de ese ser allegado. ¡Yo que tú reflexionaría sobre esto!

Eso sí, para la aceptación total de la pérdida, es esencial sentir esa pena. No resistirse a ella, sino aceptarla como algo que nos atraviesa, como algo nuestro. Si necesitamos llorar, pues lloremos. Si necesitamos tumbarnos en el suelo y encogernos, pues hagámoslo. No es nada saludable resistirse ante nuestra autenticidad.

Esto será desgarrador, pero es un sentimiento puro que hemos de permitirnos sentir, pues nos dice mucho sobre nosotros mismos y nos permite comenzar a llenar el vacío interior que se nos ha generado. Además, al permitirlo, viviremos la pérdida de forma más intensa, con más amor y de forma más rápida y auténtica.

Para terminar, si ese sentimiento es nuestro, que lo es, ¿sería ético y estético exigirle mentalmente (como sufrimiento) a la persona que se ha ido que ese vacío es por su culpa? ¿Qué sería mejor: liberarla de esa exigencia y dejar que descanse en paz o continuar anhelando ese amor ya ausente?

 

 

2 Comentarios

  • ¿Como tenerle miedo a algo que no existe ? .Yo creo en una transformacion constante ,_(Taoista ) en la traslación . Y si por supuesto es doloroso pasar por la etapa del duelo ,por no tener fisicamente a la persona , pero se fervientemente que esta aquí conmigo en cada rincon ,en todo mi ser , y que hay otro TODO y ahi nos encontraremos .

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