Filosofía para niños y adolescentes

Nuestros hijos y su cuenta emocional

Cuando nuestros hijos nacen, e incluso antes, abrimos una cuenta emocional con ellos que durará toda la vida. En esta cuenta vamos realizando imposiciones y reintegros a diario. Es obvio que cuantas más imposiciones realicemos, más aumentará nuestro capital emocional. Amor, cariño, comprensión, escucha, darles nuestro tiempo o expresarles nuestros sentimientos, por ejemplo, hace que la cuenta aumente.

En cambio, reforzar lo negativo, demostrarles que hacen las cosas mal, no escucharlos, ignorarlos, anularlos o pegarlos, por ejemplo, debilita la cuenta.

Si debilitamos la cuenta cada día, se quedará en números rojos cuando lleguen a la adolescencia o, incluso, antes. En ese momento, pensaremos en algo grande que hayamos hecho mal y como, en el mejor de los casos, no recordaremos nada, entonces no encontraremos respuestas y nos quejaremos de nuestra mala suerte por habernos tocado un hijo así.

¿Quizá la cuenta emocional de los ninis está excesivamente debilitada?

Ahora bien, si recordáramos esos pequeños reintegros que hacíamos a diario o esas pequeñas frases que debilitaban la cuenta casi sin darnos cuenta, entonces entenderíamos por qué esa cuenta emocional está como está.

En este sentido, uno de los motivos que más debilita la cuenta es cuando los padres discuten entre sí delante de sus hijos. Este acto, además de debilitar la cuenta, colabora enormemente a la atrofia general de la inteligencia emocional de todos. Aún así, parece que les da igual, porque lo importante en estos casos es hacerse daño emocional mutuo, ocupándose bien poco de mejorar la salud emocional de sus hijos. En el caso de padres separados más aún, ya que éstos saben que la propia separación se carga de golpe, en el mejor de los casos, el poco saldo que quedaba, si es que quedaba algo. En el peor, les deja un descubierto que tardarán mucho tiempo en solventar.

¿Por qué se hacen, entonces, chantaje emocional entre sí utilizando a sus hijos? ¿Por qué se empeñan en atrofiarles su inteligencia emocional? ¿Qué ganan? ¿Por qué no se dedican a generar algo de saldo en su vacía cuenta?…

Y es que, incita a la reflexión que en esta época líquida haya seres humanos deshumanizados, educadores sin educación, psicólogos sin psicología, filósofos desfilosofados, animadores desanimados, terapeutas desterapeutizados o padres y madres desmadrados, por ejemplo.

¿No deberíamos tener capacidad suficiente para reconocer nuestros propios sentimientos y los de nuestros hijos? ¿No sería mejor saber automotivarnos y enseñarles a ellos a automotivarse?

Los estadounidenses, que lo estudian todo, dicen que utilizamos la inteligencia emocional entre un setenta y un ochenta por ciento de nuestro tiempo. El resto usamos la inteligencia racional. Porcentaje que se ve aumentado si lideramos personas. ¿Acaso gestionar los sentimientos de nuestros hijos no es liderarlos? ¿No deberíamos, pues, desarrollar más nuestra inteligencia emocional?

Antes de terminar, responde con sinceridad, por favor, ¿cuánto tiempo dedicas al día a pensar en las emociones y sensaciones de tus hijos?

¿Y en las tuyas propias?

En definitiva, si no somos capeces de pensar, conocer y expresar nuestras propias emociones y sensaciones, ¿seremos entonces capaces de reconocer y educar las de nuestros hijos e hijas para aumentar así el capital emocional de la cuenta?

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