Cafés filosóficos

Resumen café filosófico sobre la libertad

Quise comenzar este café filosófico sobre la libertad leyendo el Mito de la caverna de Platón para que viéramos lo que supone estar encadenados a nosotros mismos y a nuestra propia vida.

Si bien, si algo caracteriza un café filosófico es la libertad de expresión, siempre y cuando no se critiquen personas sino ideas. Por tanto, todos nos sentimos libres en este encuentro donde dialogamos muy dignamente.

Acto seguido, comenzamos hablando de este concepto como la capacidad para decidir y elegir por uno mismo, aunque puntualizamos que hay que diferenciar entre libertad física y mental. Se habló bastante sobre esto y se puso como ejemplo a Víktor Frankl, el psiquiatra que con su libro “El hombre a la búsqueda del sentido” nos cuenta cómo la libertad mental no te la pueden arrebatar. Pero, ¿la libertad mental es suficiente? ¿Vale solo con poder pensar libremente si no nos dejan actuar?

Sobre la libertad de movimientos se dijo, muy acertadamente y en esto estuvimos todos de acuerdo, que un minusválido, por ejemplo, es libre en función de lo que puede controlar. Es decir, si no puede moverse, su libertad arranca a partir de ahí, pues está predeterminado de antemano. Si nada puede hacer para mover las piernas por sí mismo, entonces su libertad comienza a partir de ahí, pues no tiene elección.

En este sentido, si al escoger algo, renunciamos a otras cosas, o si mi libertad comienza cuando acaba la de los demás, entonces la libertad es subjetiva y tiene más que ver con sentirse libre que con ser libre. De manera que, y a pesar de que hablamos mucho de si podemos vivir en sociedad sintiéndonos libres, la libertad es individual y se adquiere cuando uno toma conciencia real de sus cosas y de sí mismo.

Por tanto, la toma de conciencia es indispensable para sentirnos libres. Por eso, siempre estamos solos ante nuestras decisiones y elecciones. De ahí que libertad y responsabilidad vayan de la mano. Es decir, alguien que no se hace responsable de lo que hace, dice, muestra o da, por ejemplo, no es libre, por mucho que quiera.

De ahí que para sobrevivir con nuestra propia esclavitud, nos autoengañemos. Porque, ¿realmente queremos ser libres o preferimos mantener nuestras cadenas para así alimentar la ilusión de querer ser libres?

En sociedad estamos muy condicionados por lo que digan los demás, por las normas, por el sistema o por la apariencia, por ejemplo. Además de esto, la interpretación que hacemos de las cosas que nos suceden o que suceden en el mundo nos determina en gran medida. Por eso, dime cómo interpretas y te diré lo libre que eres. Sin olvidar, por supuesto, a nuestras creencias, nuestros valores y nuestros prejuicios que son los que nos hacen interpretar de una forma u otra.

En cualquier caso, ya al final, se dijo que ser libres y sentirse libres no es nada fácil. Hay que tener agallas para conseguirlo. Sartre decía que estamos condenados a ser libres, que nuestra existencia solo depende de nosotros mismos. ¿Tenemos, pues, la valentía suficiente como para conseguir esto?

He ahí el tema del próximo café filosófico, ya en febrero, la VALENTÍA.

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