Cafés filosóficos

Resumen café filosófico sobre el Trabajo

Habíamos escogido este tema del Trabajo para este nuevo café filosófico porque en el anterior, el del respeto, lo acabamos explicando un caso de una falta de respeto en el trabajo sobre un video que corre por la red en la que unos chicos le hacen desfilar desnuda a una compañera.

Por tanto, escogimos este tema, sin duda muy filosófico, porque afecta de forma considerable a nuestra existencia y a nuestra esencia personal y no solo profesional. Nos puede autorrealizar o nos puede hundir.

Pues bien, desde la Grecia clásica hasta el Renacimiento, el trabajo manual con utensilios era considerado inferior, era menospreciado. Sócrates era el único que no lo concebía así. Para el ateniense, tenía la misma validez independientemente de la tarea y de la persona que la desarrollara.

Será a partir de la Ilustración y de la Revolución industrial, cuando aparece la filosofía del trabajo. Dicho concepto se toma, pues, más en serio.

A partir del siglo XX, es considerado un “valor supremo”. Y aquí comenzamos el verdadero debate. Si bien, antes, yo había introducido que actualmente el músculo ha desaparecido a favor de la inteligencia. Estamos en la época del conocimiento y, por tanto, el cerebro y la inteligencia son más importantes que el músculo y la materia, aunque, obviamente, se necesitan. Sin uno no hay otro. Solo hace falta mirar para cualquier lado y veremos que predomina mucho más la inteligencia que la materia en cualquier objeto o servicio. Esto dio mucho juego y hubo opiniones confrontadas y diferentes.

¿Quién soy si no trabajo? ¿Se me aparta socialmente o se me valora igual?

Se dijo que trabajar nos da independencia económica pero que, a su vez, nos quita libertad personal, pues tenemos obligaciones que cumplir. Y sobre esta dependencia que tenemos, estuvimos dialogando mucho, puesto que hemos de pasar muchas horas del día y gran parte de nuestra vida trabajando. Por tanto, nos conviene disfrutar haciéndolo, ya que nuestro gran objetivo es ser felices.

En este sentido, algo que impide que disfrutemos es cuando se nos trata como objetos y no como sujetos. Cosa que Kant denuncia muy claro, pues dice: “Trata al otro como un fin en sí mismo y no como un medio”. O lo que es lo mismo: trata al otro como un sujeto y no como un objeto. El otro no puede ser explotado para interés del empresario. El otro, mi compañero, tampoco puede ser tratado como medio para que yo crezca o para que yo delegue en él responsabilidades. Tampoco la empresa me ha de servir a mí para ser corrupto.

Marx dijo algo muy pertinente al respecto: “el trabajador pone su vida en el objeto, pero a partir de entonces ya no le pertenece a él, sino al objeto”. Es decir, ¿el trabajo es más importante que la persona? La respuesta fue unánime: NO.

Si bien, en esta línea, hablamos sobre si nuestro desempeño nos autorrealiza y nos dignifica. Hubo opiniones de las dos partes, puesto que para unos es, o ha sido, una forma de subsistir para cubrir necesidades y, para otros, ha de ser un espacio para crecer como personas y para disfrutar al máximo haciéndolo.

Se habló sobre el trabajo no remunerado, sobre el trabajo por placer y no por obligación. Suele ser el que más nos llena. Si bien, ¿qué es lo que le da valor al trabajo? ¿Se lo da el dinero percibido? ¿Se lo da el valor social y humano aportado? Es decir, ¿trabajo para producir o trabajo orientado a valores humanos?

En lo que coincidimos plenamente fue en que la persona es anterior al trabajo y en que si le ponemos amor a nuestras tareas profesionales, seremos más felices. En este sentido, dice la Madre Teresa de Calcuta que: “lo que importa es cuánto amor ponemos en el trabajo que realizamos”.

Por su parte, Confucio dice: “elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”, que va en la línea del trabajo por placer y que tiene que ver con la actitud que ponemos ante nuestro desempeño.

Otro aspecto del que dialogamos fue sobre lo importante que es sentirse importante en el trabajo, valga la redundancia. Nuestra labor ha de servir para algo, de lo contrario, nos estaríamos manteniendo invisibles para nuestros aliados profesionales y nos estaríamos denigrando. Si no nos sentimos importantes, nuestra autoestima es muy probable que esté afectada. Pero, ¡ojo! Dice Bertran Russell que: “un síntoma de que te acercas a una crisis nerviosa es creer que tu trabajo es extremadamente importante”. Frase que nos dio mucho juego.

También hablamos de corrupción profesional y de la poca mentalidad al trabajo en equipo y sí al interés individual.

Ya estábamos acabando y yo quería aportar una frase de Simone de Beauvoir para terminar. Frase que nos sirvió para escoger el tema del próximo café filosófico de enero. La frase es la siguiente: “Mediante el trabajo ha sido como la mujer ha podido franquear la distancia que la separa del hombre. El trabajo es lo único que puede garantizarle una libertad completa”.

Y el tema en cuestión es la Desigualdad de género.

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