Cafés filosóficos

Café Filosófico sobre la Paciencia

Comenzamos este diálogo filosófico con la definición del concepto de paciencia: Capacidad de tolerar o soportar una determinada situación sin perder la calma.

Acto seguido, se dijo que se puede tener la capacidad, pero quizá no la habilidad. Y para ser paciente no basta solo con que seamos pacientes, sino que hemos de saber serlo. También se aludió al concepto de soportar algo o a alguien. No estuvimos de acuerdo que tener paciencia sea soportar, pues esto sería una obligación y, por tanto, la paciencia ya no sería una virtud, tal y como coincidimos todos que es la paciencia, una virtud.

Se dijo que somos impacientes cuando queremos conseguir resultados inmediatos o rápidos. La sociedad y la cultura actual nos influyen decisivamente en que hemos de conseguir lo que nos propongamos y ya. Para eso no interesa que seamos auténticos y estemos centrados en el SER, sino que quien tiene el poder económico le interesa que estemos centrados en el TENER y a ser posible que estemos insatisfechos. Por tanto, la paciencia tiene que ver con el ser y la impaciencia con el tener.

Aparte de esto, algo en lo que también estábamos de acuerdo, dijimos que la paciencia se puede entrenar. Que la habilidad de ser pacientes está en saber actuar en el momento adecuado. Lo que nos llevó a decir que la paciencia no es un estado permanente. Que tenemos paciencia si nos agrada algo o si tenemos la obligación de esperar como, por ejemplo, un atasco, una cola del súper, etc.

En este sentido, se dijo que la paciencia tiene más que ver con la calma que no con la espera. Además, una forma de ser paciente es teniendo claro que ser pacientes depende de nosotros mismos. Es en el momento en el que aceptamos un hecho, el que sea, cuando esa aceptación ya deja de depender de nosotros. Depende aceptarlo, pero a partir de aquí, ya no hemos de guardar paciencia porque no tendría sentido.

Estuvimos mucho rato dialogando sobre si podemos vivir en el presente para no ser impacientes, pues la pérdida de la paciencia tiene que ver con los resultados y no tanto con el proceso. Con el proceso, viviendo en el presente, tiene que ver la paciencia. Es cultivando nuestro interior como nos hacemos más pacientes. Es con nuestro autoconocimiento como podemos llegar a ser libres ante nosotros mismos para llegar a ser pacientes.

¿La impaciencia nos hace ser competitivos o ser competitivos nos hace ser impacientes?

Lo que está claro, y en eso coincidimos todos, en que seríamos pacientes si tuviéramos la habilidad de respetar el proceso natural de las cosas.

Por no tener paciencia nos perdemos muchas cosas: dejamos de aprender, perdemos la calma y la armonía, perdemos la atención y nos perdemos parte de nuestra vida.

Se introdujo el concepto de pasividad para relacionarlo con la paciencia. Una frase de Kant va en este sentido: La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, la debilidad del fuerte. Entendiendo el débil como aquel o aquella que no actúa y espera a que otros lo hagan por él. Otras personas o Dios o el destino o la madre tierra, por ejemplo. El fuerte, el valiente, la paciencia le sobra, pues le limitaría. Por supuesto, según la frase de Kant, eso sería la pérdida de la paciencia como una virtud.

También se relacionó paciencia con deseo y con el ansía que provoca no satisfacerlo. Ese ansía hace que aparezca la impaciencia y se rompa una situación armónica.

Por último, se dijo que sin gestión de las emociones y de nuestra propia energía, no seremos pacientes.

Para terminar, se dijo que alguien que tiene la habilidad de ser paciente es responsable, puesto que el irresponsable no se hace cargo ni de su propia impaciencia eludiendo así su propia responsabilidad.

Responsabilidad, he ahí al tema del próximo café filosófico.

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